
Michelangelo, El Diluvio, 1509
Terrorismo Contra La
Biosfera
Por
Dr. Moti Nissani
traducción preliminar de versión inglesa:
En el año 1948, Henry A. Wallace, en aquel
momento un reciente ex-vicepresidente de los Estados Unidos, opinó que su país había
llegado a un momento crucial, un intersección en que podía hacerse <la mas
odiosa nación en la historia humana>.
Casi seis décadas tuvieron que pasar ante que esta preedición de Wallace
llegó a punto de realizarse. En parte este
demora está debiendo a la astucia y ubicuidad del sistema de propaganda yanqui (probablemente,
algo que lo que va UD. a ver esta noche en su televisión ¡son ejemplares de
esta telaraña!), en parte está debiendo al hecho que, dentro de su propio país,
estadounidenses ordinarios de descendencia Europea han sido comparadamente
ricos, tolerantes, letrados, y libres.
Pero ahora los mismos ventajes del EE.UU. parezcan
estar en el punto de esfumarse, complicando bastante el trabajo de los
publicadores del país, como CNN, New York Times, Newsweek, o Hollywood. Además, el sistema brillante de propaganda
estadounidense se puse en otra desventaja: tiene que oscurecer, justificar, y
glorificar una política externa escalofriante evocadora del imperio romano de
larga vida y del imperio Nazi de la vida bastante breve. Diariamente, neo-colonialismo está
subimiento, las miles guarniciones del imperio están salpicando por el mundo
entero, y, frecuentemente, lideres elegidos por la mayoría de la gente, a la
fuerza o clandestinamente, están reemplazadas con colaboracionistas.
Tenemos que acordarnos, de cualquier
modo, que no hay nada de nuevo en las acciones estadounidenses crueles contra
la gente mundial, y contra, particularmente, los ciudadanos confundidos del
imperio propio. La minoría pequeñísima y
riquísima que realmente controla la política, las elecciones, y los medios publicitarios del país ya no han
mataron con sangre frió mas gente de Bagdad que Genghis Khan, no han causaron
tan sufrimientos por la gente Cubana que el genocida Cristóbal Colón, no han
sacaron mas sangre de las <venas abiertas de América Latina> que España, no
han infligido mas injusticias por su gente propia que los oligarcas Ateneos o Siracusanos
han infligido a sus gentes. Además, tan
escalofriantes que son estas brutalidades norteamericanas, no posen ninguna
amenaza por la supervivencia de nuestro especie y por otros especies. Uno puede subsistirse abajo de estas
brutalidades estadounidenses, esperando que Alberto Einstein tenia razón, que Estados
Unidos anda loco, que ya no mas está <receptivo a consejos razonables>, y
que su desarrollo está siguiendo <los eventos del Alemania desde el tiempo
del emperador Guillermo II: vía muchas victorias hasta el desastre
final.> En otras palabras, uno puedo
sufrir los crímenes del imperio y aún se ase la esperanza por el futuro en que
decencia, racionalidad, y hermandad prevalezcan. Aunque en derribada Falujah, en asediada Santiago
de Cuba, en aterrorizada Port-au-Prince, en la oligarquía del Riad, en triste Gasa,
uno pueda retener una medida razonable de esperanza en lo mejor sucesivo— sí no,
tal vez, por sí mismo, por lo menos por su patria y por la familia humana en
conjunto.
El acto terrorista más imperdonable,
creo yo, es el acto que nos priva de la esperanza en el mejor porvenir. Sin embargo, las acciones estadounidenses ya
nos privan de esta última gota porque, cuando hablemos del medioambiente
mundial, EE.UU. precipitadamente pone en peligro las fundaciones biólogas y
físicas de la vida. Y es precisamente
esta precipitación que pueda convertirse a este bastión anterior de libertad en
el más odioso país en los anales de nuestra especie. La lucha contra la biosfera se conduzca por
una frente anchísima, incluso tácticas deliberadas de superoblación, armas
nucleares, electricidad nuclear, depleción de la ozonósfera, y las extinciones
masivas de flora y fauna. Aquí, tengo
suficiente espacio para iluminar este proceso con solamente un crimen: el
efecto invernadero (=calientísimo global).
EE.UU.—con mucho el peor
contaminador del medioambiente de la toda superficie de nuestra verde y sucia
planeta—rehúsa admitir la existencia de la amenaza invernadero—sin hablar en
cualquier esfuerzo por la parte de este país en resolverla. El mundo esta quemando mientras el gobierno
de EE.UU. nos lava los cerebros con su encantada música de verdades a medias y trivialidades
incesantes.
De repente que penetremos esta cortina de
humo, los hechos parezcan bastante simples. Los niveles del carbono dióxido en la atmósfera
mundial están subiendo constantemente y medidamente, tan como los niveles de otros
gases invernaderos, por ejemplo, metano.
Cada década es más caliente que la década anterior. Los inviernos son más cortos y menos fríos;
los veranos más largos y calurosos. Tormentos extraordinariamente violentos
devastan filipinas, Japón, y el mar caribe.
Ciertas regiones del mundo están asoladas por sequías sin precedente, mientras
otras regiones sufren inundaciones que baten los récordes del siglo pasado. Los casquetes glaciares se están derritiendo
al mismo tiempo que los niveles de los mares están creciendo. Insectos hediondos de África del Norte están
colonizando a Inglaterra.
Aunque estos hechos puedan ser equivocados,
en este momento están aceptados por la vasta mayoría de los científicos del
mundo. Controversias científicas
genuinas (quiere decir, distintas de las controversias que habían <cocinadas>
los billonarios que constituyen el gobierno real del EE.UU.) solamente tienen
que ser con el porvenir, no con los datos básicos. Nosotros hombres y mujeres de la ciencia no
podemos fiablemente predecir direcciones del porvenir de entes tan complejos
como el clima del mundo. En cambio,
debemos recurrir a modelos, probabilidades, extrapolaciones, y proyecciones. Este es lo mejor que podemos hacer. Nuestro bola de cristal—y la bola de los
científicos, a pesar de sus debilidades obvias, es la mejor que tenemos—dice
que las niveles de los océanos probablemente continuarían a subir, que algunas
ciudades bajas juntarían legendaria Atlantis.
Especies continuarían a desparecer, aun peor y más rápidamente que están
desapareciendo ahora mismo. Tragedias humanas,
por una magnitud mucho mas inmensa que las del Nueva Orleáns o del gente Iraqi,
parezcan probables. Una proyección llameante
implica metano, que es uno de los gases invernaderos, y que es bastante abundante
en las heladas capas superficiales del suelo del norte lejano. Calientísimo global podría descongelarse
algunas cantidades de ese metano y soltarlo por la atmósfera. Resultaría que las temperaturas del mundo suban, especialmente
en el aria ártica. Entonces, las pocas mas
altas temperaturas podrían causar más derretimiento y liberación adicional del
metano y temperaturas poco ya mas elevadas, un proceso que podría culminarse en
una reacción de cadena que esta demasiado aterrorizada para contemplarla. Mas que una década antes, Profesor George
Woodwell ya sentía que “la habitabilidad continua de la tierra está claramente
en cuestión."
La contestación de los cargos por las apologistas
de Estados Unidos es <pobreza>. Insisten
que, aunque uno está dispuesto a conceder la realidad del calientísimo global
(y ellos y no están), EE.UU. y el mundo no tienen con qué comprar el
remedio. Es decir, no tienen los
recursos financieros para mejorarlo al efecto de invernadero. Pero, este es una mentira descarada (y mas
peligrosa, yo creo, que cualquiera de Hitler o Stalin), y no solo porque las oligarquía
norteamericana está dispuesto a gastar cualquiera cantidad de dinero (del
estado, no de su propio cuenta) para re-colonizar Irak y ladrar el petróleo de
los habitantes tristes de esta tierra antigua, dispuesto a aumentar sus
ganancias del petróleo venezolano, está dispuesto a liberar sus propios
oligarcas de la responsabilidad del sistema progresiva de impuestos, o está dispuesto
a matar cualquier enemigo peligroso de ellos (como, probablemente, M. L. King, los tres Kennedy, el presidente
Allende, John Lennon, el sindicalista Reuther, y muchos otros). Es una mentira a causa de una razón mucho mas
elementar. En el año 1992, en uno de los
momentos raros de candor de los medios norteamericanos de comunicación de masa,
la revista norteamericana Newsweek escribió:
Durante los primeros años del
administración del Bush [el padre del corriente presidente], cálculos
aproximados habían discutido mucho por disminuyéndose de los gases invernaderos
fueron de $100 billones a estupendo suma de $3.6 trillón. Aquellos cálculos han
compuesto una omisión asombrosa. La
manera para controlar las emisiones del carbón es aumentar la eficaz del uso de
la energía. Los números grandes contaron
con las costas monetarias de tecnologías nuevas de conservación, pero no
contaron con el valor del combustible ahorrado.
Si añadíamos los ahorros de las energía, las analistas Amory y Hunter
Lovins mostraron en un investigación importantísimo, y. . . sea posible
imaginar cortando gases del invernadero lucrativamente. . . . Hoy día, la
Casablanca del Bush [el Padre] está poniendo en marcha su Estrategia Nacional
de Energía [que no logre ver] que la conservación de los recursos, el control
del contaminación del medioambiente, mas bajos precios por la energía, y un
inversión defensiva contra calientísimo global, podrían lograr simultáneamente
con la ahorramiento de la energía . . . [Además, visto de la perspectiva de superoblación y aumentos en la calidades
mundiales de la vida], mejoramientos significativos en la eficaz del uso de
energía son imperativos si el termómetro suba, baja, o se quede en el mismo
lugar.
Tal opiniones reciben apoyo de muchas
investigaciones por los mas respectados, conservativos, y serios cuerpos
científicos de la tierra norteamericana, incluso una investigación gigante del
año 1992 por La Academia Nacional de Ciencias de Los Estados Unidos, y otra
investigación gigantísima del año 1997 por el Ministerio Federal de la Energía. No sea posible calcular precisamente los
ahorros anuales de tal acciones inverdaderas, pero estoy dispuesto a aceptar el
calculo tentativo que aquellas ahorros superen $200 billones por EE.UU. (y, por
supuesto, mucho mas por el resto del mundo).
Para convencernos que resolviendo el
problema invernadero nos costara meno que nada, vamos a imaginar que las
fabricas de vehículos fueron requerido a producir carros que produzcan 36 Km.
por litro en vez, supongamos, que
12. La tecnología para producir tan
coches ha estado disponible por lo menos hace 20 años y, con la tecnología de
producción de masa, tan coches se pudieran últimamente producido por, mas o
menos, el mismo cuesto que los coches borrachos de hoy día. Con el mejoramiento del eficaz, cada
ordinario norteamericano (que paga mucho más por su petróleo que los
venezolanos) puedo ahorrar, cada año, por lo menos $600 (1.290.000 Bs.). Si extrapolemos semejantes medidas de
conservación por el aislamiento de casas, iluminación artificial, empresas
industriales, motores eléctricos, etc., y los implementaran en todo EE.UU., el
ahorro ya crece mucho más. Además, si
conservaran combustibles fósiles, estadounidenses puedan ahorrar los billones
de dólares que están gastando ahorra para tratar enfermedades como asma y cáncer. Resulta que el sentido común, la historia
humana, economía, y ecología, todos dirigimos a una conclusión indudable: Si el
mundo decidiere luchar significativamente el efecto invernadero, el mundo pueda
ahorrar una fortuna increíble.
Ya dejamos con las preguntas: ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué EE.UU. está poniendo
la vida entera en tan peligro grave?
¿Por qué está innecesariamente arriesgando el salud y bien estar de su
propios ciudadanos? ¿Por qué los roban
de su dinero? ¿Por que está jugando el
gobierno del EE.UU. ruleta rusa con el porvenir de nuestra especie? ¿Son locos los líderes del país? ¿Viciosos?
¿Idiotas? Es cierto que les
faltan principios, clarividencia, y decencia común, pero estos datos solos no
puedan, creo yo, expliquen los crímenes medioambientales. La repuesta mas inclusiva es que, en este
momento, los políticos norteamericanos son títeres de las empresas grandes del
país, gastando la mayoría de su horas de trabajo solicitando favores
innumerables de ellas, incluso sobornos (que le prensa norteamericana
erróneamente llama <contribuciones de campaña>. En cambio, sus patrones corporativos contaron
que sus títeres robaran la biosfera y la gente del mundo entero y que
convencerán la mayoría mundial que, como dijo el presidente norteamericano
Cleveland, <el negocio de América es negocio>. Por su
dinero, tienes los billonarios las expectaciones que sus títeres convencen al
pueblo que lo que es realmente una transferencia masiva de riqueza desde las
clases bajas y medias hasta el mas rica 1% de la población es nada mas que
<reducciones en impuestos>, que una diseño para que los hombres
ordinarios y decentes se olviden quienes son sus verdaderos enemigos y que
voten contrariamente a sus intereses y principios es <una lucha contra el
terror>, y que los amantes de la guerra y de la injusticia social son <cristiánanos
verdaderos>, aunque, en realidad, Cristo fue un campeón intransigente de los
pobres y del pacifismo. .
Los políticos norteamericanos, es quiere
decir, son las victimas de un sistema política profundísima corrupta. Pero, hay muchos otros victimas. Los billonarios que controlan las empresas
grandes, a pesar de sus estilos confortables de vivir, son tambien prisioneros
de este sistema. La gran mayoría de estos
amantes el oro, estos scrooges, tienen poco tiempo por la historia (Henry
Ford: <la historia es sandez>), poco
respeto por la literatura, cero compasión por las demás. Son victimas de un vicioso sistema de
competición que descuenta el porvenir y que es obsesivamente preocupado con las
ganancias del día. En esta versión cruel
y despiadada de la vida, los hombres que manejan empresas como Exxon y GM tienen
que vendar más petróleo y más coches de lujo para asegurar sus ascensos
corporativos. En la ausencia de la
regulación gobierna, tienen que contraponer la conservación de la energía,
torpedear significativos acuerdos internacionales, y socavar el porvenir de sus
propios corazones, pulmones, maridos, y nietos.
Si se despidan, y sí sigan sus nuevas perspicacias, perdieran sus
puestos, poderes, y Feraris.
No hay villanos en esta tragedia mundial, una
tragedia que nos dejamos solamente con piedad por los simplones que sirven un sistema
sin alma y que, poco a poco, destruyen la vida.
<La
historia>, dijo el escritor norteamericano Kurt Vonnegut, <leala y
llore>. Si no conteníamos los
crímenes estadounidenses contra la naturaleza—del cualquier modo que sea—ya
veremos mucho más lloroso ante que termine el siglo XXI.
Dr. Moti Nissani enseñas en Wayne State University, EE.UU. y, ahorra, está en Venezuela. Algunas de sus publicaciones están accesibles en www.is.wayne.edu/mnissani/
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